No, si dormir sí puedo. Nomás que ya no me gusta..., o se me olvida o algo así. Hay ocasiones cuando estoy en la cama o en mi sofá y siento como que acabo de despertar, pero no, por un momento caí en la ilusión de haber dormido y estar despertando, sólo estaba distraída, con la mente en ningún lado y la inveterada costumbre de despertar, que no sé si termine perdiéndola por completo...
¡¡Ya me pasó otra vez!! ¿Ven lo que digo? Como si de pronto me diera cuenta de que sí, de que yo escribí estas líneas y no aparecieron solas, en mis manos, después del —vilipendiado por mí— tan reparador sueño, sueño que hace ya más de un año que no echo de menos.
28 may 2008
14 may 2008
Travesuras
La casa de mis padres siempre tuvo una enredadera, una hiedra enorme que abarcaba todo el enrejado. Era común, años después y según ibamos creciendo, encontrar olvidados juguetes: pelotas, empuñaduras de espadas míticas, barbies encueradas y cabezas de peluche. También fue allí donde encontramos a Pérez, Pérez era la tortuga que compramos bien chiquita y que en quince años creció hasta casi treinta centímetros..., todavía anda por ahí.
Hace unas semanas murió mi madre y yo me voy a quedar a vivir en la casa, mi hija se ha casado y tuve que quitar la enredadera, la reja se había oxidado toda y estaba a punto de caerse. He querido hacer una renovación total, cambiar el "look"..., algo fresco.
Nos gustaba que Betito viniera a jugar con nosotros, le hacíamos muchas maldades y siempre nos estabábamos burlando de él. Recuerdo cómo aquella vez nos desternillábamos de la risa viendo, desde la ventana de nuestro cuarto, a su mamá que lloraba desesperada mientras preguntaba por su bebé. Es que fue muy chistoso cuando lo metimos entre las ramas y las hojas y no podía salir. Hoy en la mañana los albañiles encontraron su esqueleto, aún retorcido y con un rictus de terror.
Hace unas semanas murió mi madre y yo me voy a quedar a vivir en la casa, mi hija se ha casado y tuve que quitar la enredadera, la reja se había oxidado toda y estaba a punto de caerse. He querido hacer una renovación total, cambiar el "look"..., algo fresco.
Nos gustaba que Betito viniera a jugar con nosotros, le hacíamos muchas maldades y siempre nos estabábamos burlando de él. Recuerdo cómo aquella vez nos desternillábamos de la risa viendo, desde la ventana de nuestro cuarto, a su mamá que lloraba desesperada mientras preguntaba por su bebé. Es que fue muy chistoso cuando lo metimos entre las ramas y las hojas y no podía salir. Hoy en la mañana los albañiles encontraron su esqueleto, aún retorcido y con un rictus de terror.
13 may 2008
Una fiesta infantil
La piñata cayó hecha añicos luego del ramalazo de aquella niña rolliza. Todos se arrojaron al ver que se desparramaba el contenido: fruta madura, fruta verde..., semillas. De pronto, las raíces que crecían de forma acelerada comenzaron a atrapar cuanto piecesito se les cruzaba, mientras que un tronco golpeaba a una mamá abusiva que a pesar de su minifalda peleaba por llenar un cucurucho donde recolectaba para su hijo-medio-pendejo. La tierra se sumió y devoró la mesa con los tacos, la de los regalos, las sillas y al show de los payasos. Los invitados huyeron despavoridos pero fueron atrapados a pocas calles de distancia, algunos de ellos arriba de sus automóviles. Desapareció el barrio entero y luego la ciudad. La enorme zanja en donde los dos océanos formaron sendas cataratas de miles de kilómetros se extendió por el Continente. Pocos días después, desde el espacio exterior, se podría haber observado como el magma y el lodo se hundían y eran regurgitados en cientos de vórtices y corrientes de convección.
19 feb 2008
Lábiles caníbales
Géricault quiso añadir luz aquí y allá, raspar un poco de este lado, aplicar más veladura. No se pudo. Los náufragos de la Medusa se quedaron así, quietecitos. Juegan a que al primero que se mueva, se lo comen.
17 feb 2008
Manantial
En la página treinta y cuatro, el autor describe este cuerpo perfecto que asoma tras el baby doll, luego me desnuda. Con los dedos de una mano juega con esa casi inexistente tanga, con los de la otra rasga el brassier... Me deja puestas las medias y los zapatos y me deposita sobre el lecho —hace ya un rato que gimoteo—, amarra mis manos a la cabecera y con las suyas me separa los muslos y forma un arco perpendicular al pene enhiesto que escoltan mis dos pantorrillas... Cuando mi espalda se ha desviado cuarenta y cinco grados de la vertical, empiezo a botar contra su cuerpo y a ulular de placer...
De la página cuarenta a la doscientos cincuenta y seis no hay una sola gota de tinta: La metáfora es evidente.
15 feb 2008
No fumar
Ya se fue el último de los empleados, es cosa nomás de esperar a que se duerma el guardia...
Por fin —desesperado, con los nervios de punta y en pleno paroxismo del síndrome de abstinencia—, hizo a un lado la banda roja y el humo pintado, se colocó perpendicular a su letrero y empezó a dar bocanadas como loco.
—¡Ahhh! —exclamó aliviado, apoltronándose sobre las letras— ¡Tengo que buscar otro trabajo!
8 feb 2008
Trío
El retrato de la Señora —atónito e impotente— mira a su esposo refocilarse con las ternuras de la sirvientita. No han pasado ni seis horas del funeral. Ahora entiende...
7 feb 2008
Destino manifiesto
Dentro de la cabeza de un Kipling que batalla ante la página en blanco, Mowgli se aferra desesperado a un manojo de neuronas. ¡Sólo quiere una infancia normal!
6 feb 2008
El Evangelio, según
—¡Pinches judíos tan pendejos! ¡Romanos hijos de su puta madre! ¡Ahora sí que no me crucifican! —exclamó el pequeñísimo Jesús recién concebido en el vientre de María—, ¡bola de cabrones!, ¿no que no resucitaba?
5 feb 2008
Senescienta
Se sienta en la misma banca del parterre y cierra los ojos, sólo el repasar de sus dedos los harapos, sacudiendo ceniza, delata tanta inquietud —el sereno disuelve la música que sopla desde Palacio.
Escucha el rozar de las alas las hojas y las ramas, aspira aquellas mágicas fragancias. ¡No!, no es su hada madrina, ¿por qué no llega?, ¿qué la ha demorado todos estos años...? Estruja el pergamino de sus manos, expele, tose: —¡así no!, ¡así no va el Cuento!
3 feb 2008
Ocaso
Caperucita Roja sabe que sigue en el mismo cuento de siempre. Paciente, se acuesta a esperar al Lobo Feroz... Caperucita, la otra, la inocente, se despide de su madre en el extremo del bosque, contoneándose al ritmo de un amanecer de trinares y olor a panecillos.
31 ene 2008
Caperucita encadenada
—¡Mmmh! —se relamió el animal —esta vieja devino un excelente puchero, no voy a dejar ni los huesos.
—¡Ghrar, ghrar! —gemía Caperucita, tratándose de zafar la mordaza, consiguiendo tan sólo que se le desacomodaran el brassiere y la minifalda.
—¡Ah!, y para los postres —salivó el Lobo mirando a la suculenta niña aherrojada al muro—, para los postres..., los deliciosos panecillos... Y luego, querida, te suelto los grilletes y te voy a co-ger y co-ger y co-ger... !¡AUUUUÚ!!
31 jul 2007
Al sol
Pedí un whiskey, uno doble, nomás para darme valor. Luego pedí otro... Y así sucesivamente. No sé si agarré coraje, si se me quitó el miedo. Pero el duelo..., el duelo..., ése sí tuvo que posponerse.
14 feb 2006
La Gorgona Espechial
Apelotoné bien el tabaco, le puse una pizcachita de mariguana y la salpimenté con su coquita. Junto a la pipa puse la petaca del whiskey y mi surtido especial de chochos... No era —exactamente— la cabeza de Medusa, ¡pero me dejó PE-TRI-FI-CADO!
2 dic 2005
El Teletón: ¡No hay imposibles!
Andaba Jesús en el Templo. Traía su bote del Teletón y clamaba a justos y pecadores para que contribuyeran de acuerdo a su consciencia. En eso llegó un nutrido grupo de artistas, empresarios, políticos y locutores de la televisión, y comenzaron a depositar sus cheques. Al mismo tiempo, una pobrecita viuda, muy anciana —vestida de harapos y costras de mugre— se acercó con nomás dos insignificantes ases.
El Rabí le gritó a Pedro: —¡¡Sáquen de aquí a esta pinche vieja piojienta...!!— y viendo cómo Judas y Santiago la arrastran lejos de Él, añadió— y métanle sus putas monedas por el culo.
El Rabí le gritó a Pedro: —¡¡Sáquen de aquí a esta pinche vieja piojienta...!!— y viendo cómo Judas y Santiago la arrastran lejos de Él, añadió— y métanle sus putas monedas por el culo.
10 abr 2005
El número de la Bestia
Está ahí, como si me mirara con esos sus ojos que no tiene, ostentando sin garbo alguno esa figura longitudinal en donde aparece estampada una leyenda promocional que no entiendo porque viene en eslovaco —o lo supongo, a partir de cómo llegó a mis manos, pero ése es otro cuento—. Destaca la goma, con su arillo metálico, anillo sin ningún compromiso, que luce como si fuera la Joya de la Corona. No le he sacado filo, así que de no ser por la perspectiva oblicua con que lo observo, no tendría manera de adivinar el alma de grafito de este, en apariencia, inocente objeto.
Contengo la respiración y trato de escuchar los casi imperceptibles sonidos que me han mantenido ocupado toda la tarde. La respiración de la bestia, que junto con la extraña energía que percibo desde su esquina en la árida lisura de mi escritorio, desocupada a propósito a partir del día en que conocí las extrañas habilidades rodantes de mi lápiz del número dos...
—¡Se movió, les juro que se movió! ¡Nadie me lo va a creer!, ¡Ja-ja-já! ¡¡Se movió, se movió!! ¡¡Arggggggg!!
Contengo la respiración y trato de escuchar los casi imperceptibles sonidos que me han mantenido ocupado toda la tarde. La respiración de la bestia, que junto con la extraña energía que percibo desde su esquina en la árida lisura de mi escritorio, desocupada a propósito a partir del día en que conocí las extrañas habilidades rodantes de mi lápiz del número dos...
—¡Se movió, les juro que se movió! ¡Nadie me lo va a creer!, ¡Ja-ja-já! ¡¡Se movió, se movió!! ¡¡Arggggggg!!
9 abr 2005
El traje viejo viejo del Emperador
—¡Ese papamóvil viene vacío! —gritó la niñita desde los hombros de su padre.
—Nunca hubo nadie —mascullé, y regresé a mis propios pensamientos.
—Nunca hubo nadie —mascullé, y regresé a mis propios pensamientos.
Etiquetas:
Recuentos de hadas
1 abr 2005
Reminiscencias
Antes éramos mi mujer, la mosca y yo, ¡y fuimos felices! Ahora sólo quedamos la mosca y yo... No necesariamente la misma mosca.
13 mar 2005
Contra la caspa
Leyó una vez más la etiqueta del envase y repitió la operación, hasta que se vació la botella de shampoo. Había seguido las instrucciones al pie de la letra: "Enjuague y repita el procedimiento"; también las del dermatólogo: "Haga exactamente lo que dice la etiqueta."
De la regadera fue a su habitación y, hurgando en una de las muchas cajas desperdigadas por todas partes, tomó otro frasco. La angustia se apoderó de su pecho, no quedaba mucho producto y, además, llevaba seis días sin comer.
De la regadera fue a su habitación y, hurgando en una de las muchas cajas desperdigadas por todas partes, tomó otro frasco. La angustia se apoderó de su pecho, no quedaba mucho producto y, además, llevaba seis días sin comer.
12 mar 2005
El ombligo del Mar
Los turistas se arremolinaban —válgaseme el símil— para presenciar el fenómeno. Poca atención prestaban al profesor Schauberger y a sus turbulencias y solenoides, prefiriendo la majestuosa e inexplicable vorticidad del Maelstrom. Más que por una docta conferencia, hubieran pagado lo que fuera por testificar aquellos legendarios arrebatamientos de naves y cetáceos.
De pronto, alguien notó que algo salía de este furioso caribdis, algunos pájaros y peces que estallaban casi en cuanto dejaban el sumidero. Un rebaño de cachalotes les siguió, salpicando de sangre a los curiosos y matando a muchos con los restos. Un torbellino de delfines y tiburones se desintegró al llegar a la tropopausa, arrastrando consigo un submarino de la marina noruega, varios kilómetros de cable trasatlántico y un meteorito que llevaba ahí doscientos cuarenta y cinco millones de años. Fue inútil que la muchedumbre saliera corriendo, casi todos fueron despanchurrados por grandes trozos de rinoceronte, hipopótamo y tapir. Aquel gigantesco mamut lanudo aplastó al expositor mientras que los añicos de una multitud de bisontes destruían el puerto, provocando un tsunami que llegó a las costas de Gran Bretaña de donde, por cierto, venían casi todos los vacacionistas.
De pronto, alguien notó que algo salía de este furioso caribdis, algunos pájaros y peces que estallaban casi en cuanto dejaban el sumidero. Un rebaño de cachalotes les siguió, salpicando de sangre a los curiosos y matando a muchos con los restos. Un torbellino de delfines y tiburones se desintegró al llegar a la tropopausa, arrastrando consigo un submarino de la marina noruega, varios kilómetros de cable trasatlántico y un meteorito que llevaba ahí doscientos cuarenta y cinco millones de años. Fue inútil que la muchedumbre saliera corriendo, casi todos fueron despanchurrados por grandes trozos de rinoceronte, hipopótamo y tapir. Aquel gigantesco mamut lanudo aplastó al expositor mientras que los añicos de una multitud de bisontes destruían el puerto, provocando un tsunami que llegó a las costas de Gran Bretaña de donde, por cierto, venían casi todos los vacacionistas.
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