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7 oct 2011

Génesis

Cuando Yahvé planteó el Diluvio, escogió a los más virtuosos e indicó la madera, las dimensiones y la técnica para que cada uno construyera su arca.

De día se estaban dentro, muy quietecitos. De noche salían de sus ataúdes a ver que encontraban: algún sobreviviente agarrado de un cadáver hinchado o de algún tronco podrido.

7 abr 2010

Juego de rol

Sí que la había sorprendido. Disfraces perfectos: él, de elegante Nosferatu, ella, de una exquisita y sensual Erszbeth Báthory; medias, tacones, capas... Y los colmillos, de un finísimo metal cerámico.

¡Y ese espejo!, verdadera joya de la tecnología, le había costado un dineral, pero lo valía. No podía dejar de contemplarlo mientras se enfriaba la champaña y su dama se vestía. Con quién-sabe-qué circuitos electrónicos creaba la ilusión de no devolver imagen ninguna, un juguete excepcional.

A media luz, comenz
ó a besarle el cuello, al tiempo que se fantaseaba invisible. De súbito, vio cómo el reflejo de ella lo miraba, con los ojos inyectados y a punto de clavarle los colmillos.

20 jul 2009

De casta

Dicen que al ocaso, en el último instante del Sol, puede verse un destello verde en lontananza. ¡Quién sabe! Pero es por preguntas como ésta que siempre ha envidiado a los vampiros transmogrificados a partir de humanos vulgares.

19 jul 2009

Rutina

Recién muere el atardecer, y se rasura frente al espejo en donde ha pegado una fotografía de cuando aún no era vampiro. Se arroja por la ventana y emprende el vuelo; como todos las noches, despliega las alas que las luces de la Ciudad no quieren convertir en sombra y, como todas las noches, evita los apotropaicos más comunes —balas de plata, hoces, crucifijos y estacas—. Luego de su fallida expedición de caza —como siempre— se posa en la misma esquina de tantos ayeres y —como siempre— pide lo de siempre: una orden de tacos de moronga.


—Sin ajo —le dice al paisa— y poca cebolla, ¡ah!, y una pepsi.

15 jul 2009

Lucidez

 "...Sólo pido que escurra ese cabello
entre estas manos ávidas de ti, del sol entre tus piernas
y del sol que se escurre por las hojas y refleja
tu sombra en mi mirada, turbia de llorar
tras no pedirte un beso…"

A menudo, durante el vuelo nocturno, se encontraba recitando este poema que encontró manuscrito junto al libro de horas de una joven rubia de cabellos como el oro, a la que no se atrevió a morder —aunque permaneció mirándola dormir hasta casi ser sorprendido por el día, entre cuyas primeras sombras tuvo que cobijarse mientras huía de ahí a toda prisa.  Y es que añoraba el Sol que nunca había sentido sobre la piel.  Poco antes del amanecer, en algún páramo desolado, jugaba a que lo perseguía la penumbra, aun a riesgo de resultar calcinado.  En las noches de luna llena, se le quedaba mirando, extático, elucubrando acerca de la fuente de tanta luz.  En su ataúd, soñaba que yacía en alguna playa tropical, que exploraba inmensas selvas tórridas, que desfallecía de alegría en el desierto, o que partía en la primera misión tripulada en dirección al Astro Rey.  Una noche, a la hora de comenzar las rondas, no apareció, cuando fueron a buscarlo sólo encontraron un puñado de cenizas doradas sobre el raso blanquísimo.

12 jul 2009

La destrucción del Templo

«...Y entonces, al tercer día finges que resucitas, ¡pon mucha atención!, si dejas que entre un solo rayo de luz, te achicharras y echas a perder todo. Te escondes en la grieta aquella, luego, cuando llegue María Magdalena, nomás va a encontrar un perfecto desmadre y un ángel que, como sabes, son nuestras contrapartes de día, vampiros diurnos, por llamarlos de alguna manera. Repasemos el plan: primero te descuelgan y te envuelven en el sudario, después, sin que nadie se dé cuenta, Arimatea te muerde en el cuello, te depositan en la tumba y la cierran con la piedrota ésa, le pagan el soborno a los centuriones para que se larguen al filo de la media noche, ¿no se me olvida nada?, emborrachar a Longinos y cambiarle la lanza por una de hierro dulce, que te tomen el pulso enfrente de los testigos en la cripta... En fin, creo que no puede estar más claro.»

10 jul 2009

"Tomad y bebed..."

Corría el Concilio de Trento. Abajo, los egregios teólogos y notables prelados, condenaban al anatema a quien negara la presencia del cuerpo y la sangre de Cristo en la hostia consagrada. Los vampiros, apergolados en las viejas trabes del coro, se protegían de la luz, insomnes con todo el ruido ése.

Uno de ellos, en oyendo tanta pendejada, no se resistió al chascarrillo: —...¡y yo que soy luterano!

1 jul 2009

El cuerpo y la sangre

—Señor..., ¡aparta de mí este cáliz!

El varón se retuerce entre desear la carne que ama y ansiar la sangre que no ha probado. En un rincón yace, amodorrada, desnuda y hecha jirones, la hembra por quien suspira y espumarajea.

Sabe que no resistirá, y suplica por enésima vez a la deidad desconocida —¡aparta de mí este caliz!

Yergue todos los músculos del cuerpo y despliega las alas, las hincha y derriba, con un estertor de desesperanza, los muros y la bóveda de la cripta que en la debacle respeta el ara donde apenas despierta ella. El primer rayo del sol que asoma incide en la vida del vampiro que se inflama. Con el último fulgor de su mirada cree distinguir los incipientes colmillos y las delicadas alas en botón, y oye como aúlla aterrorizada cuando también es alcanzada por la luz y empieza a arder.

6 feb 2004

Reflexiones especulares hex

El vampiro se miró al espejo y escuchó un estruendo, hizo un esfuerzo por no aspirar la fetidez de la muerte que inundaba la estancia, y un escalofrío de horror violentó su cuerpo. Se relamió los labios con sabor a vitriolo y se alejó triste, tétrico y desilusionado.¡¡Ningún reflejo!!

16 ene 2004

Reflexiones especulares pent

 El vampiro se vanagloriaba frente al espejo. Era en verdad el ser más hermoso de la Creación, el orgullo de su raza...

—¡Ay de mí! —se lamentaba—. ¡Si me reflejaras tan sólo un poco, vidrio maldito!

7 ene 2004

Ocho variaciones sobre un mismo espejo

Desde el otro lado la mira un caballero de frac, capa y colmillos. Alicia, asustada, comprueba que sigue sola en la habitación. Retrocede unos pasos, cierra los ojos, se cubre la cara y brinca.

Al despertar Gregorio Samsa sus ojos compuestos quedan atónitos frente al fantástico caleidoscopio que adornaba su tocador.

En el tomo XLIX de la Anglo-American Cyclopedia había un espejo. Borges quiso reflejarse, mas constató que las imágenes de los ciegos no son devueltas por estos instrumentos. Le pidió a Bioy Casares que se asomara: A él sí pudo verlo.

Aquella tarde Emma se miró —como de costumbre— en la luna de su boudoir. Como de costumbre llegaría con retraso a otra cita —en este caso la última.

Dorian Gray observa cómo el espejo acumula el paso de los años —años ante los que el dandy permanece intacto. El decrépíto anciano dedica unos minutos a limpiar la plateada superficie. Media hora después, el espejo aún oye la tos sanguinolenta que se aleja por el empedrado.

El estanque se contempla en los ojos color cielo de Narciso. Enamorado de sí mismo suplica al mancebo que nunca lo deje. En el momento que éste intenta regresar con Eco, el espejo de agua lo convierte en flor.

Don Juan Tenorio se apresura con la vituallas. Sabe que hoy a medianoche, en el espejo, tiene convidado al Comendador de Ulloa.

Edgar Allan Poe cubrió con el enorme espejo la recién tapiada tumba de su secreto enemigo, a quien engatusara con el cuento del barril de amontillado. El vino, por otra parte, resultó excelente.

Drácula no se vio con el rabillo del ojo en el espejo de la cripta, con el alma en vilo se acercó y suspiró aliviado, ahí estaba su propia imagen, como siempre.

6 ene 2004

Reflexiones especulares qat

Tres horas de estarse espiando y buscándose en el espejo disiparon todas sus dudas.  Son sólo leyendas, las imágenes de los vampiros... ¡no existen!

1 ene 2004

Reflexiones especulares ter

Del susto, pega tremendo brinco.  Aún no se acostumbra a estos novedosos espejos electrónicos que, gracias a un sofisticado programa, logran una muy fiel aproximación de la hasta hace poco irreproducible imagen de los vampiros.

—¡Tantos adelantos modernos!  De alguna manera, la sangre artificial sí que fue un avance necesario.  Pero esto de reflejarse... ¡no es más que un grosero atentado contra la tradición!

24 ago 2003

Tromp l'oeil

El conde se acicalaba frente al espejo cuando de súbito, con una sonrisa, recordó que le estaba vedado mirar su propia imagen.

Se fue de allí pensando en la naturaleza de la luz y de la sombra, y sobre cómo la mente suele jugarnos divertidas bromas.

16 ago 2003

Reflexiones especulares _bis

Este vampiro nunca había visto —¡por supuesto!— su imagen reflejada en el espejo, así que brincó espantado al reconocerse.

Pero enseguida se tranquilizó, al recordar que todos, mortales y vampiros, tenemos un doble del otro lado. Aunque sólo los vampiros tengan la extraña facultad de percibirlo cuando coinciden ambos en el mismo espejo.

17 jul 2003

Lágrimas de sangre

Qué tragedia cuando descubrió que no podía reflejarse en los espejos. Después se enteró de que, además, era invisible a los ojos de los humanos.

Hoy supo la verdad: —Los vampiros no existen —dijo su madre.

Ambas se acurrucaron en el viejo campanario y estuvieron llorando toda la noche.

7 jun 2003

Chippendale

—Elegantes damas aquí presentes... —La voz del sonido retumba clara y lasciva entre el silencio de la concurrencia a punto de estallar.

Instantes después, de entre las luces apagadas y el redoble del tambor, el reflector ilumina el sencillo taburete del proscenio. Cuando comienza la música sensual y exótica aparece, como de la nada, un hombre desnudo.

Exhibe una figura atlética y elegante, aunque su cincuentena resulte evidente para el público, formado por ricas damas de todas las edades que exclaman entusiasmadas —¡Quiero!, ¡papacito!

Los movimientos acompasados a los de la orquesta provocan una andanada de alaridos en el momento que toma la trusa que le arrojan y se la pone.

—¡¡Ayyyyyy!! ¡¡Mmmmmm!! ¡¡Más, más!!...

Una a una y con lentitud extrema, sigue con el resto de las prendas, mientras el juego de las luces y la cadencia de la erótica danza acompañan los efluvios hormonales femeninos.

—¡Así, así! ¡Mi amor, mi dios! ¡Ven, ven...!

Al final, calza los zapatos de charol, se ajusta la levita y cubre el rostro con la capa... Mas el clímax llega cuando muestra los ebúrneos colmillos. Las espectadoras entonces trepan frenéticas al escenario. Una de ellas, la afortunada, logra ensartarle el cuello y muere allí mismo entre espasmos de placer y una profusa hemorragia.

—¡¡Yo, yo!! ¿¡Por qué...!?

Las otras se mesan los cabellos y desgarran sus ropas al tiempo que, sin éxito, tratan de tocar por última vez al vampiro que se desvanece.

6 jun 2003

Funeral

El ataúd de ébano lucía forros de raso verde esmeralda a tono con el uniforme ceremonial del Castellano, de terciopelo de seda en morado real de Prusia y ostentando todas las condecoraciones. ¡Y qué brillo el de aquellos colmillos, como si aún estuviera muerto en vida!

Una hora antes, al dar inicio las exequias, los deudos habían sacrificado setenta doncellas, cuya sangre —vertida sobre la tierra en honor a tan egregio personaje— jamás disfrutaría vampiro alguno.

Cuando se sellaron las puertas de la cripta, los afligidos nocherniegos se alejaron en silencio, casi sin despedirse y volando pensativos hacia sus respectivos países. Ya en casa, y a diario durante los próximos meses, se despertarán entre sudores helados a pleno sol, desgañitándose y llorando... muertos de terror, víctimas de pesadillas con estacas, balas argénteas y crucifijos malditos.

5 jun 2003

Blanca Nieves

El Príncipe Azul se puso de rodillas sobre el túmulo, hizo a un lado la tapa de cristal y contempló extasiado aquel rostro angelical. Tras besar el cuello clarísimo, le clavó los colmillos.

Al terminar, le trajeron un pañuelo de seda para que se limpiara. De su faltriquera extrajo siete monedas de oro y pagó a los enanos.

4 jun 2003

Problema

Vi cómo de su cuello brotaba la sangre caliente, y sentí cómo sus uñas se clavaban en mi carne mientras su aliento se extinguía entre los estertores de la muerte. Pero no pude succionar, mis lametazos fueron infructuosos.

Dicen que ya hay cura para la impotencia... ¡No sé!