Emplacé mis mesnadas y puse sitio a tu fortaleza. Quise esperar la noche mas al rayar el ocaso cayeron tus murallas, una a una, con lentitud, y una neblina mágica cundió entre mis huestes. Caí en la trampa. Comandaste la masacre, mi vino tornóse agua, mis tripas corazón, se abatió mi denuedo, mis anhelos escurrieron en la vorágine de tanta furia y me rendí en derrota. No quedan sino los despojos, que cuando te alejas victoriosa miras con desprecio y te escucho reír. Ahora he de yacer exhausto, hecho guiñapos, cautivo sin hallar alivio en que te tuve en mis brazos, y condenado a guardar por siempre tu foso de monstruos imaginarios.
23 sep 2009
1 sep 2009
Ágrafa musulmana
Apenas comienzo a rascarme los pies y te asomas riendo con tu pala, y regresas, duendecita, a cuidar de los hongos entre mis dedos.
30 ago 2009
Francisco de Aldana
No olvide usted, señora, que si no nos vimos las almas, nuestras partes sí que se vieron frente a frente.
Cuento de horror
Esta mujer se me aparece cuando creo en los fantasmas. Cuando no, transcurre transparente entre mi pellejo y mis huesos.
Homero Santos
Desde que vivo en Ficticia acepto que me den siempre, por la liebre, gato... Sólo exijo que siempre se trate del mismo gato.
Prometeo con buitre predilecta
Cuando Prometeo le dijo a la buitre que arriba a la izquierda él tenía un corazón dulce, ella se quedó pensativa. Luego de una eternidad preguntó: —¿Tu izquierda o la mía?
John Donne
Es cierto que de la muerte me liberaré muriendo, ¿pero cuántas muertes he de morir para dejar de amarte?
5 ago 2009
No todo lo que brilla es oro
Y así lo determinó para los quintillones de universos creados hasta entonces, para éste se le ocurrió una escala completa de opacidades, con excepción del oro. En los otros, cierta física fundamental es consistente, aquí no: todo lo que brilla es oro.
3 ago 2009
No todo lo que brilla es oro
Por fin llegó Fi Mon Chi, el afamado orfebre del Oriente Lejano, y Midas le mostró el trozo de Zoey, la desafortunada hija, comentándole que ya con la rama de roble y la piedra había entrado en sospechas.
—Es pirita —le dijo el sabio, y añadió —con todo respeto, su Alteza, se merece usted unas orejas de burro. No todo lo que brilla es oro.
1 ago 2009
No todo lo que brilla es oro
Hacía horas que Midas contemplaba su propia imagen en el espejo. Atrás
de él, la estatua en que se había convertido su hija yacía recargada en
los muros dorados, ésos de los primeros regocijos luego de recibir el
don. A un lado, el regio banquete —con las más exquisitas viandas y
tanto vino selecto— eternizado en metal divino. A sus pies, la ropa de
cuyo peso apenas si logró liberarse para no morir asfixiado. Y en su
rostro, una última lágrima que no, no era áurea, diamantina quizá, del
más puro cristal: una estrella de tristeza, un firmamento de fulgor...
No, siguió llorando, no todo lo que brilla es oro.
20 jul 2009
De casta
Dicen que al ocaso, en el último instante del Sol, puede verse un destello verde en lontananza. ¡Quién sabe! Pero es por preguntas como ésta que siempre ha envidiado a los vampiros transmogrificados a partir de humanos vulgares.
19 jul 2009
Rutina
Recién muere el atardecer, y se rasura frente al espejo en donde ha pegado una fotografía de cuando aún no era vampiro. Se arroja por la ventana y emprende el vuelo; como todos las noches, despliega las alas que las luces de la Ciudad no quieren convertir en sombra y, como todas las noches, evita los apotropaicos más comunes —balas de plata, hoces, crucifijos y estacas—. Luego de su fallida expedición de caza —como siempre— se posa en la misma esquina de tantos ayeres y —como siempre— pide lo de siempre: una orden de tacos de moronga.
—Sin ajo —le dice al paisa— y poca cebolla, ¡ah!, y una pepsi.
15 jul 2009
Lucidez
"...Sólo pido que escurra ese cabello
entre estas manos ávidas de ti, del sol entre tus piernas
y del sol que se escurre por las hojas y refleja
tu sombra en mi mirada, turbia de llorar
tras no pedirte un beso…"
A menudo, durante el vuelo nocturno, se encontraba recitando este poema que encontró manuscrito junto al libro de horas de una joven rubia de cabellos como el oro, a la que no se atrevió a morder —aunque permaneció mirándola dormir hasta casi ser sorprendido por el día, entre cuyas primeras sombras tuvo que cobijarse mientras huía de ahí a toda prisa. Y es que añoraba el Sol que nunca había sentido sobre la piel. Poco antes del amanecer, en algún páramo desolado, jugaba a que lo perseguía la penumbra, aun a riesgo de resultar calcinado. En las noches de luna llena, se le quedaba mirando, extático, elucubrando acerca de la fuente de tanta luz. En su ataúd, soñaba que yacía en alguna playa tropical, que exploraba inmensas selvas tórridas, que desfallecía de alegría en el desierto, o que partía en la primera misión tripulada en dirección al Astro Rey. Una noche, a la hora de comenzar las rondas, no apareció, cuando fueron a buscarlo sólo encontraron un puñado de cenizas doradas sobre el raso blanquísimo.
entre estas manos ávidas de ti, del sol entre tus piernas
y del sol que se escurre por las hojas y refleja
tu sombra en mi mirada, turbia de llorar
tras no pedirte un beso…"
A menudo, durante el vuelo nocturno, se encontraba recitando este poema que encontró manuscrito junto al libro de horas de una joven rubia de cabellos como el oro, a la que no se atrevió a morder —aunque permaneció mirándola dormir hasta casi ser sorprendido por el día, entre cuyas primeras sombras tuvo que cobijarse mientras huía de ahí a toda prisa. Y es que añoraba el Sol que nunca había sentido sobre la piel. Poco antes del amanecer, en algún páramo desolado, jugaba a que lo perseguía la penumbra, aun a riesgo de resultar calcinado. En las noches de luna llena, se le quedaba mirando, extático, elucubrando acerca de la fuente de tanta luz. En su ataúd, soñaba que yacía en alguna playa tropical, que exploraba inmensas selvas tórridas, que desfallecía de alegría en el desierto, o que partía en la primera misión tripulada en dirección al Astro Rey. Una noche, a la hora de comenzar las rondas, no apareció, cuando fueron a buscarlo sólo encontraron un puñado de cenizas doradas sobre el raso blanquísimo.
12 jul 2009
La destrucción del Templo
«...Y entonces, al tercer día finges que resucitas, ¡pon mucha
atención!, si dejas que entre un solo rayo de luz, te achicharras y
echas a perder todo. Te escondes en la grieta aquella, luego, cuando
llegue María Magdalena, nomás va a encontrar un perfecto desmadre y un
ángel que, como sabes, son nuestras contrapartes de día, vampiros
diurnos, por llamarlos de alguna manera. Repasemos el plan: primero te
descuelgan y te envuelven en el sudario, después, sin que nadie se dé
cuenta, Arimatea te muerde en el cuello, te depositan en la tumba y la
cierran con la piedrota ésa, le pagan el soborno a los centuriones para
que se larguen al filo de la media noche, ¿no se me olvida nada?,
emborrachar a Longinos y cambiarle la lanza por una de hierro dulce, que
te tomen el pulso enfrente de los testigos en la cripta... En fin, creo
que no puede estar más claro.»
10 jul 2009
"Tomad y bebed..."
Corría el Concilio de Trento. Abajo, los egregios teólogos y notables prelados, condenaban al anatema a quien negara la presencia del cuerpo y la sangre de Cristo en la hostia consagrada. Los vampiros, apergolados en las viejas trabes del coro, se protegían de la luz, insomnes con todo el ruido ése.
Uno de ellos, en oyendo tanta pendejada, no se resistió al chascarrillo: —...¡y yo que soy luterano!
Uno de ellos, en oyendo tanta pendejada, no se resistió al chascarrillo: —...¡y yo que soy luterano!
4 jul 2009
Vigores
Vi
cómo del cuello brotaba la sangre caliente, y sentí cómo las uñas se
clavaban en mi carne mientras su aliento se extinguía entre los
estertores de la muerte. Pero no pude succionar, mis lametazos fueron
infructuosos.
Dicen que ya hay cura para la impotencia... ¡No sé!
Dicen que ya hay cura para la impotencia... ¡No sé!
1 jul 2009
El cuerpo y la sangre
—Señor..., ¡aparta de mí este cáliz!
El varón se retuerce entre desear la carne que ama y ansiar la sangre que no ha probado. En un rincón yace, amodorrada, desnuda y hecha jirones, la hembra por quien suspira y espumarajea.
Sabe que no resistirá, y suplica por enésima vez a la deidad desconocida —¡aparta de mí este caliz!
Yergue todos los músculos del cuerpo y despliega las alas, las hincha y derriba, con un estertor de desesperanza, los muros y la bóveda de la cripta que en la debacle respeta el ara donde apenas despierta ella. El primer rayo del sol que asoma incide en la vida del vampiro que se inflama. Con el último fulgor de su mirada cree distinguir los incipientes colmillos y las delicadas alas en botón, y oye como aúlla aterrorizada cuando también es alcanzada por la luz y empieza a arder.
El varón se retuerce entre desear la carne que ama y ansiar la sangre que no ha probado. En un rincón yace, amodorrada, desnuda y hecha jirones, la hembra por quien suspira y espumarajea.
Sabe que no resistirá, y suplica por enésima vez a la deidad desconocida —¡aparta de mí este caliz!
Yergue todos los músculos del cuerpo y despliega las alas, las hincha y derriba, con un estertor de desesperanza, los muros y la bóveda de la cripta que en la debacle respeta el ara donde apenas despierta ella. El primer rayo del sol que asoma incide en la vida del vampiro que se inflama. Con el último fulgor de su mirada cree distinguir los incipientes colmillos y las delicadas alas en botón, y oye como aúlla aterrorizada cuando también es alcanzada por la luz y empieza a arder.
20 jun 2009
Hoyototote
Caminaba su mismo camino de siempre, pero hoy alguna vaca habría derribado la cerca..., así que no resistió la curiosidad de asomarse al famoso agujero —decían que no tenía fondo— y arrojar una piedra; ¿con qué toparía?, ¿agua, quizá?, ¿arena?, ¿la roca sólida? Dejó caer la más grande y redonda que encontró y se puso a escuchar, al tiempo que escudriñaba la oscuridad que —ésa sí— parecía no tener fin.
Cuando retumbó en sus oídos un fuerte silbido, tuvo la impresión de que una andanada de aire hirviendo le llegaba de arriba, al voltear hacia el cenit vio un bólido que se dirigía hacia él. En el último instante comprendió que era la piedra, ¡la misma piedra!
Cuando retumbó en sus oídos un fuerte silbido, tuvo la impresión de que una andanada de aire hirviendo le llegaba de arriba, al voltear hacia el cenit vio un bólido que se dirigía hacia él. En el último instante comprendió que era la piedra, ¡la misma piedra!
5 jun 2009
Especie abisal
Su ombligo ha devenido un agujero de míticas proporciones. De tanto rascárselo, en aquella sima profunda se pierde todo. Apenas si se escucha el tintirintín de una antigua catarata que aún arrastra con sus aguas los restos de lo que antaño fueron enormes roquedales de mugre, detritos y cochambre sanguinolento.
10 may 2009
Déjà vu
En definitiva, ésta ya la viví. Excepto quizá por las cortinas lilas, la música clásica y que esto sucede de día y aquello de noche. También los jugadores: aquí están mi comadre Tencha y Joaquín y el Cochambres; allá, los cuates del grupo.
Creo recordar que estábamos jugando dominó, decimales, para ser exactos. Ahorita se trata de póquer abierto.
Tampoco era yo, era otro —u otra—, no lo tengo claro...
Creo recordar que estábamos jugando dominó, decimales, para ser exactos. Ahorita se trata de póquer abierto.
Tampoco era yo, era otro —u otra—, no lo tengo claro...
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