26 feb 2005

Exequias

Tras enjugarse las lágrimas, tomó una de las rosas que yacían sobre el féretro y la colocó en el ojal de su chaqueta.

Afuera, cuando nadie lo veía, arrojó la flor al suelo y se alejó silbando.

7 ene 2005

Saberes

Termina de desnudarse, aunque esta última etapa la hace con toda lentitud; son las medias, la tanga y el brassiere lo que más excita a su espía. Se manosea frente al espejo, mientras de reojo ve la cortina que se mueve, y espera hasta oír el sordo gemido que indica que su mirón ha eyaculado.

Ella sabe y sabe que él sabe. En el asilo de ancianos todo se sabe.

4 ene 2005

Deseo

Tiene el miembro enorme, colosal. Cuando lo yergue es un monstruo de placer, ¡paso la vida anhelando ser penetrada!, ¡revolcarme con él sobre la paja!

Y veo cómo me acorrala. Se despoja de la ropa de faena y queda ante mí: desnudo, sudoroso, turgente el pecho y la verga enhiesta. Ansiosa de las palabras salvíficas me echo a sus pies:

—¡Ven acá, perra...!

Porque entonces, mientras mis genitales se inflaman, meneo la cola y ladro furiosa, estoy segura de que no soy cualquier perra..., soy su perra.

24 dic 2004

Gula de Navidad

La familia, con el corazón en vilo, sigue atenta los ruidos en el tiro de la chimenea —“skriich-skraach”—. Cuando aparece Santa Claus todos lo reciben de rodillas y en sepulcral silencio. El traje rojo y las barbas blancas son de sobra conocidas —no existe confusión alguna— este año han sido elegidos: darán de comer a tan descomunal apetito.

La mesa está servida y empiezan a traer las viandas, mas fuera del vino espumoso, San Nicolás desprecia todo, pero se relame los labios en anticipación al plato principal. La estuvieron engordando todo el año, la dorada piel y el exquisito aroma indican que está en su punto. La pequeña niña de ocho años fue sacrificada sin dolor —nunca lo supo, incluso en el último momento creyó— y cuando fue trinchada crujió según las normas de la haute cuisine.

—¡Anímense, alcanza para todos! —rugió el invitado— ¡pongan música!

Uno a uno, primero las mellizas, luego el padre y enseguida el mayor —y por fin, la renuente madre—, comenzaron a cortar trocitos, paladeando el suculento manjar.

—¡¡Juo-jo-jó!! —estalló Santa, satisfecho del festín y de tan agradable compañía.

18 nov 2004

Insolubilia

Cronómetro en mano, Zenón de Elea da la salida. Mientras la tortuga se lanza hacia la meta Aquiles se echa sobre el césped.

De manera inexplicable el testudinado acelera más allá de los límites de su biología. Asustado el hijo de Thetis se lanza a darle alcance.

Aquiles recorre la distancia que hay entre él y el animal aunque la velocidad de éste aumenta y se aleja cada vez más. La tortuga rompe la velocidad de la luz mas el hombre sigue tras ella. Un instante después, ambos se desintegran en medio de una explosión cuyos destellos llegan a la Tierra luego de siete minutos.

Zenon se queda ciego.

5 nov 2004

Insolubilia

Lucha consigo mismo ante la disyuntiva: ver el vaso medio vacío o verlo medio lleno. De pronto se bebe el alcohol de un solo trago y carraspea.

—¡Bah! —exclama— ¡son pendejadas!

4 nov 2004

El Efecto Mariposa

 Una tormenta se desencadena en Amsterdan.

En Beijing, en el Templo del Cielo, una mariposa se despereza sobre las ramas del jabonero que empiezan a temblar. De pronto, para no sucumbir a la brisa que sopla desde las colinas, bate sus alas.

1 nov 2004

Insolubilia


Anaxobúrides de Bactria explicaba a sus discípulos la redondez de la Tierra:

—...Y si en este momento empiezo a caminar en línea recta, acabaré por llegar a este mismo sitio.

—¿Existe alguna forma, Maestro —preguntó Kerygmea, la más aventajada de la Academia— de demostrar esta aseveración?

Sin decir nada, el sabio emprendió el camino. Todos vieron cómo se perdía en el horizonte.

9 sep 2004

Casa y chica

En sueños se imaginaba en brazos de su amante, la obrerita de la fábrica, que era una delicia y a la que había puesto departamento muy cerca de casa.

—...¡Mmmm! —murmuraba— ahora vuelvo..., ¡mmmm!..., voy por cigarros.

—¡¡Pendejo!!, ¡YO-SOY-LA-O-TRA! —gritó la muchacha, yéndosele encima a golpes.

4 sep 2004

Instrucciones para cambiar de vida


Entienda que no me interesan las razones que tenga usted para desaparecer, aunque no puede sino extrañarme que quiera abandonar a tan devota esposa e hijos tan lindos, máxime al no haber historia romántica o pecuniaria que lo exija. En primer lugar, vaya apartando las pertenencias de las que no pueda prescindir y sin las que su vida carecería de sentido —¡pero ni una más!—, reúnalas poco a poco en aras de que nadie note su ausencia —la de las cosas, no la suya— lo mismo que el dinero que mes a mes irá descontando del cheque quincenal. Si ya consiguió trabajo en un pozo petrolero kuwaití, un aserradero canadiense, o se va ir de vago o a Nueva Zelanda, no me importa. Este breve manual le servirá sólo para el evanescimiento, más allá huye librado a su suerte. Empiece a confundir los nombres de sus hijos y a comportarse de manera descuidada —pero sin exageración—, un mes antes piérdase durante seis horas, de preferencia un domingo de compromiso importante. Conforme se acerque la fecha discuta con su jefe la posibilidad de un aumento y solicite vacaciones para un par de semanas después de que usted se vaya. En el momento culminante no olvide decirle a su mujer alguna sentencia muy trillada, baladí... No sé, por ejemplo: «Ahora vuelvo, mi vida, voy por cigarros...»

2 sep 2004

En la ciudad de la esperanza

Nacha y Delfina escuchaban cabizbajas el regaño de la patrona.

—...¡Y es la última que les tolero, indias patarajada! —y continuó— ¡bien me dijo mi mamá que las de Oaxaca eran las más güevonas!

Ninguna de las muchachas dijo nada, sólo vieron como la señora seguía gritando desde la puerta.

— ...¡Ahora vuelvo, voy por cigarros...! ¡Y cuando regrese quiero la casa bien limpia!, ¡van a saber quién soy, par de mensas!

Y así fue, la dejaron limpia. Se llevaron hasta los dólares que había entre las hojas de «Las niñas bien» de Guadalupe Loaeza.

1 sep 2004

¡Ay, robot!

Como todos los días, tomó el portafolios de manos de su mujer y le dijo: —Ahora vuelvo, voy por cigarros.

Y como todos los días, sintió que la frase estaba incompleta, la explicación perdida en la noche de los tiempos, cuando el primer cerebro positrónico fue improntado.

Enseguida, el beso, clave vestigial de los inescrutables designios divinos.

Ella se va de casa

Su madre la miró burlona y desafiante, viendo como abría la puerta del zaguán para huir. La hubiera mirado de otra forma de haber sabido que la pequeña desaparecería para siempre. ¡Nunca había ido más allá de la tiendita de Vicky!

—Ahora vuelvo —dijo la niña— voy por cigarros... de chocolate.

15 ago 2004

Terrible desgracia

Las pesadillas no permiten que olvide el incendio de la Biblioteca Nacional, tragedia de la que fui testigo mudo e impotente. Aún veo como huyen —a pie, volando, a caballo— millones de personajes diminutos intentando salvar sus perfiles psicológicos, sus valiosos argumentos y aquellas queridas descripciones. ¡Nunca olvidaré los alaridos de espanto!

Una imagen regresa a mí, una y otra vez: Entre los últimos seres que alcanzaron a escapar del siniestro, pude distinguir a Lady Chatterley corriendo de la mano de su amante, mientras que su esposo —la silla de ruedas fuera de control— se despeñaba envuelto en llamas por la escalinata principal.

10 ago 2004

Traduttore, traditore

—Sabías que, en realidad, 'Ragnarok' no se traduce como "Crepúsculo de los Dioses"... Lo cierto es que es un error de traducción del alemán 'Götterdämmerung' que, a su vez, es un primer error de traducción...

—¡¡No sé, pinche Thor!! —exclamó Odín— ¡como quieras, nos están rompiendo la madre tantos putos gigantes!

5 ago 2004

Gn 2:21-22 [Protaner]

Sentía tanta lástima de Adán. Una noche le provocó un sueño profundísimo. Le quitó una costilla y formó una mujer, luego le quitó otra, y otra y...

—¡Ups! —exclamó Dios, viendo como el torso del hombre dejaba de moverse—, ¡pobrecito!

30 jul 2004

Rivales

—Espejito, espejito —pregunta la malvada bruja del Cuento—, ¿quién es la más bella?

—Tú eres —le contesta el Espejo Mágico— sin duda la más hermosa. —De repente exclama aterrorizado—: ¡Cuidado!, ¡el cuchillo!

—Pinche Blanca Nieves —alcanza a regurgitar la Madrastra—, ¡ya me chingaste!

Abismos


 Él mismo lo admira aunque sólo de reojo. Es bello en verdad..., demasiado. Se siente a disgusto por cómo las miradas convergen todas hacia el arcángel. Piensa que es una injusticia no alabar al Creador por tan excelsa obra y adorar, en cambio, a la creatura.

No soportará esta humillación. Toma a Lucifer del brazo y le pide que caminen juntos. Cuando llegan al precipicio le da un empujón.

20 jul 2004

Alcabala para la añagaza más sagaz

—¡Patrañas! Aplasta a la amagada, ¡martájala!, anda hasta las cachas, atarantada, nada sabrá.

—¿Aplastarla?... Dan ñáñaras.

—¡Babas!, zafa la araña, tras la mampara hallarás maraña para jalarla, harás cagada a la apañada, namás hará '¡aaaaaaaaarg!'. Anda ya, haz la matanza.

—¿Mas pagarán la plata?, ¿darán la marmaja al hampa?, ¿la papa a papá?

—¡Vaya, Alan, malvada lacra!, ¡acaba tanta cháchara!, mañana agarrarás la lana a mansalva, habrá hasta para lanzar canas al mar, ¡¡ya mátala!!

—¡Zas!, ¡ñaca-ñaca!

19 jul 2004

Saga falaz

—¿Acabará la amarga batalla, mamá?

—Acabará, Anamar. Tras la larga matanza, asaz bárbara, mañana al alba harán la santa paz.

—¿Abrasarán, mamá, más andanadas?, ¿armarán más avanzadas?

—Ajá, mas al azar. Para alcanzar a dar calma a las Sagradas Almas allanadas allá. Ya calla, andas cansada —hasta atarantada—, saca a la marrana, amarra a la vaca, traba la aldaba, apaga la flama, a la cama.

—¿Ma...?

—Sanarás, amada Anamar, acá habrá más mañanas.