—Elegantes damas aquí presentes... —La voz del sonido retumba clara y lasciva entre el silencio de la concurrencia a punto de estallar.
Instantes después, de entre las luces apagadas y el redoble del tambor, el reflector ilumina el sencillo taburete del proscenio. Cuando comienza la música sensual y exótica aparece, como de la nada, un hombre desnudo.
Exhibe una figura atlética y elegante, aunque su cincuentena resulte evidente para el público, formado por ricas damas de todas las edades que exclaman entusiasmadas —¡Quiero!, ¡papacito!
Los movimientos acompasados a los de la orquesta provocan una andanada de alaridos en el momento que toma la trusa que le arrojan y se la pone.
—¡¡Ayyyyyy!! ¡¡Mmmmmm!! ¡¡Más, más!!...
Una a una y con lentitud extrema, sigue con el resto de las prendas, mientras el juego de las luces y la cadencia de la erótica danza acompañan los efluvios hormonales femeninos.
—¡Así, así! ¡Mi amor, mi dios! ¡Ven, ven...!
Al final, calza los zapatos de charol, se ajusta la levita y cubre el rostro con la capa... Mas el clímax llega cuando muestra los ebúrneos colmillos. Las espectadoras entonces trepan frenéticas al escenario. Una de ellas, la afortunada, logra ensartarle el cuello y muere allí mismo entre espasmos de placer y una profusa hemorragia.
—¡¡Yo, yo!! ¿¡Por qué...!?
Las otras se mesan los cabellos y desgarran sus ropas al tiempo que, sin éxito, tratan de tocar por última vez al vampiro que se desvanece.
7 jun 2003
6 jun 2003
Funeral
El ataúd de ébano lucía forros de raso verde esmeralda a tono con el uniforme ceremonial del Castellano, de terciopelo de seda en morado real de Prusia y ostentando todas las condecoraciones. ¡Y qué brillo el de aquellos colmillos, como si aún estuviera muerto en vida!
Una hora antes, al dar inicio las exequias, los deudos habían sacrificado setenta doncellas, cuya sangre —vertida sobre la tierra en honor a tan egregio personaje— jamás disfrutaría vampiro alguno.
Cuando se sellaron las puertas de la cripta, los afligidos nocherniegos se alejaron en silencio, casi sin despedirse y volando pensativos hacia sus respectivos países. Ya en casa, y a diario durante los próximos meses, se despertarán entre sudores helados a pleno sol, desgañitándose y llorando... muertos de terror, víctimas de pesadillas con estacas, balas argénteas y crucifijos malditos.
Una hora antes, al dar inicio las exequias, los deudos habían sacrificado setenta doncellas, cuya sangre —vertida sobre la tierra en honor a tan egregio personaje— jamás disfrutaría vampiro alguno.
Cuando se sellaron las puertas de la cripta, los afligidos nocherniegos se alejaron en silencio, casi sin despedirse y volando pensativos hacia sus respectivos países. Ya en casa, y a diario durante los próximos meses, se despertarán entre sudores helados a pleno sol, desgañitándose y llorando... muertos de terror, víctimas de pesadillas con estacas, balas argénteas y crucifijos malditos.
5 jun 2003
Blanca Nieves
El Príncipe Azul se puso de rodillas sobre el túmulo, hizo a un lado la tapa de cristal y contempló extasiado aquel rostro angelical. Tras besar el cuello clarísimo, le clavó los colmillos.
Al terminar, le trajeron un pañuelo de seda para que se limpiara. De su faltriquera extrajo siete monedas de oro y pagó a los enanos.
Al terminar, le trajeron un pañuelo de seda para que se limpiara. De su faltriquera extrajo siete monedas de oro y pagó a los enanos.
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Recuentos de hadas,
Wámpiros
4 jun 2003
Problema
Vi cómo de su cuello brotaba la sangre caliente, y sentí cómo sus uñas se clavaban en mi carne mientras su aliento se extinguía entre los estertores de la muerte. Pero no pude succionar, mis lametazos fueron infructuosos.
Dicen que ya hay cura para la impotencia... ¡No sé!
Dicen que ya hay cura para la impotencia... ¡No sé!
3 jun 2003
Centuria
—La princesita se pinchará el dedo con una aguja y morirá —fue la sentencia de la bruja perversa.
—No, no morirá —corrigió el hada buena—, sólo se dormirá y, cuando haya pasado un siglo, despertará al ardiente beso de su apuesto caballero.
—No, ¡no! Ningún beso de amor —intervino una segunda hechicera malvada—; vendrá un horrible vampiro, le succionará la yugular y la hermosa princesa recorrerá desquiciada los pasillos del castillo, mordiendo y sangrando a todos aquellos desdichados que hubiesen soñado cien años... por lealtad a la casa real.
—No, no morirá —corrigió el hada buena—, sólo se dormirá y, cuando haya pasado un siglo, despertará al ardiente beso de su apuesto caballero.
—No, ¡no! Ningún beso de amor —intervino una segunda hechicera malvada—; vendrá un horrible vampiro, le succionará la yugular y la hermosa princesa recorrerá desquiciada los pasillos del castillo, mordiendo y sangrando a todos aquellos desdichados que hubiesen soñado cien años... por lealtad a la casa real.
2 jun 2003
Latir
I think we're alone now/the beating of our hearts is the only sound. ~Tommy James
Hemos corrido hasta perder el aliento, y sin obstáculo alguno capaz de separar nuestras manos. ¡Moriría de pasión por el rubor de sus mejillas!
Tal desenfreno debía bastarle, a ella, para siempre. Y la noche guardó silencio, absorta ante tan grande amor, ¡y yo la besaba!
Nos revolcamos de la manera más atávica imaginable, ¡por fin era mía! Eramos los dos y vueltos llamas.
En sus gritos de placer me decía que al fin estábamos solos, y que el latido de nuestros corazones era el único sonido que podía escucharse. ¡Cuánto se equivocó!, el único corazón que palpitaba era el suyo...
No por mucho tiempo.
Hemos corrido hasta perder el aliento, y sin obstáculo alguno capaz de separar nuestras manos. ¡Moriría de pasión por el rubor de sus mejillas!
Tal desenfreno debía bastarle, a ella, para siempre. Y la noche guardó silencio, absorta ante tan grande amor, ¡y yo la besaba!
Nos revolcamos de la manera más atávica imaginable, ¡por fin era mía! Eramos los dos y vueltos llamas.
En sus gritos de placer me decía que al fin estábamos solos, y que el latido de nuestros corazones era el único sonido que podía escucharse. ¡Cuánto se equivocó!, el único corazón que palpitaba era el suyo...
No por mucho tiempo.
1 jun 2003
18 abr 2003
La bayadera
La antigua mansión victoriana retumba con el rítmico vaivén de las tablas, la cítara y el shehnai. Los corazones de los hombres palpitan al unísono con la cadencia de la mágica danza que por momentos estalla en rapto frenético, para enseguida casi quedar inmóvil de tan en suspenso.
Los dedos rozan sutiles los labios de rojo amanecer, luego se retuercen como relámpagos en nubes de verano y se pierden como burbujas en un riachuelo. Las piernas que emanan de ese extraño vapor que las multiplica, entran y salen a placer, cual fantasmas, de los sueños. Y los ojos de miradas imposibles se funden con los de quienes ya no saben si ven una, diez o cien mil mujeres que bailan en el cielo.
Sale a la calle y van en pos de ella, hipnotizados. Dejan atrás el barrio inglés y caminan en trance por el distrito de las Luces Rojas. En el inmundo tiradero —la cloaca de Mumbai— la visión desaparece y la horda recupera de pronto el sentido, apelotonándose de pánico al comenzar el festín de los demonios que los torturan. Los alaridos de terror sólo hacen más delectables los exquisitos efluvios de pasión y sorpresa, y son devorados muy poco a poco.
Los dedos rozan sutiles los labios de rojo amanecer, luego se retuercen como relámpagos en nubes de verano y se pierden como burbujas en un riachuelo. Las piernas que emanan de ese extraño vapor que las multiplica, entran y salen a placer, cual fantasmas, de los sueños. Y los ojos de miradas imposibles se funden con los de quienes ya no saben si ven una, diez o cien mil mujeres que bailan en el cielo.
Sale a la calle y van en pos de ella, hipnotizados. Dejan atrás el barrio inglés y caminan en trance por el distrito de las Luces Rojas. En el inmundo tiradero —la cloaca de Mumbai— la visión desaparece y la horda recupera de pronto el sentido, apelotonándose de pánico al comenzar el festín de los demonios que los torturan. Los alaridos de terror sólo hacen más delectables los exquisitos efluvios de pasión y sorpresa, y son devorados muy poco a poco.
9 abr 2003
La caída
I sing the body electric... ~Walt Whitman
Nada apaciguaba la Cólera Divina, y ya los veía alejarse del Paraíso. Iracundo, los maldijo una vez más:
«¡Que vuestros cuerpos... sean vuestras almas!»
Nada apaciguaba la Cólera Divina, y ya los veía alejarse del Paraíso. Iracundo, los maldijo una vez más:
«¡Que vuestros cuerpos... sean vuestras almas!»
Trampa de honor
Aventó su resto, la mano era requetechula y quiso agarrarla, pidió al rival una carta nomás y que lo dejara ver. Miró la flor del triunfo y se puso de pie y secó el sudor helado que mojaba su frente. De entre los presentes sólo su contrincante percibió el ligero temblor en las comisuras de los labios. —Ahora sí, compaye, es todo: mi cuaco, mi jacal y mi dinero. De que te toca te toca, ya no tengo pa' jugar así que con tu permiso...
—¿Cuál es la prisa, mi hermano? —preguntó el aludido—, siempre has sido ley, famoso por levantar del petate, al rayar el alba, a tus acreedores. Mas mientes si dices que nada... ¿Y mi ahijada?, ¿la Mireya?, ¿la que acabo de sacar a sus quince años?
Silencio... Margarito se sentó de nuevo y propuso con frialdad: —Contra todo lo que está en la mesa, más tu rancho chico y los caballos. —Prendió un tabaco y se lo fumó como si cualquier cosa—. ¡Nunca dirán que se rajó un Guzmán!, ¡mucho menos al cuarto para las doce!
Cuando su compadre volteó el último siete, se paró otra vez y con voz sonora le dijo —mañana, a las primeras luces, será tuya la prenda que me jugué y perdí de fiado.
Al amanecer, un Juan Carbajal Domingo que arde en deseo se acicala para recibir a la linda niña en botón, a poco escucha en el empedrado las espuelas oxidadas del pagano. Las oye, instantes después, alejarse. Sale a cobrar la deuda y la halla sentada en el zaguán, trajeada de fiesta y con la dulce sonrisa de siempre; no puede dejar de admirarla, sigue igual de tierna y hermosa..., aún ahora que un cuajo de sangre le cuelga del cuello.
Silencio... Margarito se sentó de nuevo y propuso con frialdad: —Contra todo lo que está en la mesa, más tu rancho chico y los caballos. —Prendió un tabaco y se lo fumó como si cualquier cosa—. ¡Nunca dirán que se rajó un Guzmán!, ¡mucho menos al cuarto para las doce!
Cuando su compadre volteó el último siete, se paró otra vez y con voz sonora le dijo —mañana, a las primeras luces, será tuya la prenda que me jugué y perdí de fiado.
Al amanecer, un Juan Carbajal Domingo que arde en deseo se acicala para recibir a la linda niña en botón, a poco escucha en el empedrado las espuelas oxidadas del pagano. Las oye, instantes después, alejarse. Sale a cobrar la deuda y la halla sentada en el zaguán, trajeada de fiesta y con la dulce sonrisa de siempre; no puede dejar de admirarla, sigue igual de tierna y hermosa..., aún ahora que un cuajo de sangre le cuelga del cuello.
2 abr 2003
Trampa de la trampa
El plan era perfecto: ella escribiría los números de las respuestas en el muslo, justo encima de la malla negra.
El muchacho, aturdido, no pudo concentrarse en el examen; el profesor, que lo vio todo..., tampoco.
El muchacho, aturdido, no pudo concentrarse en el examen; el profesor, que lo vio todo..., tampoco.
31 mar 2003
Amazona desnuda
Leofric, conde de Mercia, es otro hombre, y sus vasallos han vuelto a inclinar la cabeza, aterrados ante el rictus de Lady Godiva.
Hoy, Coventry amaneció al pregón de una segunda cabalgata: Su hermosa señora iba a mujeriegas empalada sobre dos garrotes clavados a la silla, y las manos atadas a la brida con su propia cabellera.
Hoy, Coventry amaneció al pregón de una segunda cabalgata: Su hermosa señora iba a mujeriegas empalada sobre dos garrotes clavados a la silla, y las manos atadas a la brida con su propia cabellera.
24 mar 2003
Gengenesgénesis XXXI
La claque de ángeles y gigantes abarrota el Gran Teatro del Principio del Mundo, afuera queda el letrero que anuncia: La Creación, de Yahvé.
Uno a uno van apareciendo los personajes: las estrellas, los animales, las plantas, Adán, Eva, la Sierpe...
Minutos después Dios huye por su vida entre la lluvia de jitomatazos, mueras y abucheos.
Uno a uno van apareciendo los personajes: las estrellas, los animales, las plantas, Adán, Eva, la Sierpe...
Minutos después Dios huye por su vida entre la lluvia de jitomatazos, mueras y abucheos.
20 mar 2003
El efecto mariposa
Chuang Tzu despertó sin saber si era un sabio, o si era una mariposa
que aún aleteaba entre sueños. De súbito, desde lo más profundo de su
inconsciente, surgió una colosal tormenta que devastó Luoyang y
precipitó la caída del Imperio.
18 mar 2003
El mismo día en la vida de Ivan Denísovich
Se levanta a las cinco, va al refectorio, regresa, esconde el pan en el colchón, sigue a Tiuren a la lista, comparte una colilla con Tsezar... La eterna y extenuante jornada de trabajo estéril, el anónimo destacamento 104, las inútiles hileras de ladrillo, el cruel Volkovoi de todos los días. Encuentra la misma segueta oxidada de siempre y la esconde en su vieja manopla.
La larga fila para regresar a las barracas.
Después del conteo nocturno Alyosha lee la Biblia para hallar consuelo en la religión. Shukov, como cada noche, se corta la yugular con el trozo de acero; igual que Alyosha, ha perdido la fe —la esperanza vana de que mañana no amanezca otro mañana. Al menos, luego de quitarse la vida, tiene unos minutos de paz antes de despertar al mismo día en la vida de Ivan Denísovich.
La larga fila para regresar a las barracas.
Después del conteo nocturno Alyosha lee la Biblia para hallar consuelo en la religión. Shukov, como cada noche, se corta la yugular con el trozo de acero; igual que Alyosha, ha perdido la fe —la esperanza vana de que mañana no amanezca otro mañana. Al menos, luego de quitarse la vida, tiene unos minutos de paz antes de despertar al mismo día en la vida de Ivan Denísovich.
Motivos
Apuñala a su padre y a su madre. Enseguida, ahoga a sus hermanitas en la tina.
En el estudio, saca del escritorio la pistola y las balas, cuando está seguro de que el arma tiene carga completa, la guarda de nuevo en el cajón.
Ya afuera de la casa, inicia la búsqueda de más razones para quitarse la vida.
En el estudio, saca del escritorio la pistola y las balas, cuando está seguro de que el arma tiene carga completa, la guarda de nuevo en el cajón.
Ya afuera de la casa, inicia la búsqueda de más razones para quitarse la vida.
17 mar 2003
Hado
Sereno por primera vez en su vida, decidió que un suicidio decente compensaría una vida mediocre y sin fortuna.
Alegre de haber encontrado significado a su vida y anhelando honrosa salvación para su alma, alzó la copa de cianuro espumoso. De pronto, una bala perdida le destrozó el cráneo.
Alegre de haber encontrado significado a su vida y anhelando honrosa salvación para su alma, alzó la copa de cianuro espumoso. De pronto, una bala perdida le destrozó el cráneo.
10 mar 2003
Nunca
Le dijo que no amaría a otra en tanto ella viviera. La Reina espoleó su corcel para ocultar el sonrojo, mientras Lancelot concluía la promesa en un susurro.
Ginebra murió.
Sobre la tumba non sancta del impío caballero, hay una roca, donde las hadas grabaron:
DESPUÉS TAMPOCO.
Ginebra murió.
Sobre la tumba non sancta del impío caballero, hay una roca, donde las hadas grabaron:
DESPUÉS TAMPOCO.
8 mar 2003
Morning Blues
Today when I awoke, the morning blues, hung over me!/So, I look it straight in the eye... ~Terry Kath
La misma rutina de toda la vida: salir del baño, un insípido desayuno, el metro, el pesero, el trabajo más aburrido del mundo, los tacos asquerosos al medio día, la televisión, la amargura de mi esposa, aquella descarriada prole adolescente, este maldito insomnio de cada noche... ¡Sólo tengo mía esta hora, bajo la regadera!
El tedio me ataca en cuanto cierro la llave [la abro de nuevo]... ¡hoy decido mirarlo de frente! Me tajo la yugular y me escurro por el drenaje.
La misma rutina de toda la vida: salir del baño, un insípido desayuno, el metro, el pesero, el trabajo más aburrido del mundo, los tacos asquerosos al medio día, la televisión, la amargura de mi esposa, aquella descarriada prole adolescente, este maldito insomnio de cada noche... ¡Sólo tengo mía esta hora, bajo la regadera!
El tedio me ataca en cuanto cierro la llave [la abro de nuevo]... ¡hoy decido mirarlo de frente! Me tajo la yugular y me escurro por el drenaje.
7 mar 2003
Arrebol de almendras
—¿Por qué? —dije mientras lo abrazaba.
Transido de dolor, escuché a esos labios de arrebol aún más intenso murmurar: —¿Y por qué no?
Dicen que huele a almendras amargas..., yo no recuerdo sino el hedor del vómito a sus pies.
Transido de dolor, escuché a esos labios de arrebol aún más intenso murmurar: —¿Y por qué no?
Dicen que huele a almendras amargas..., yo no recuerdo sino el hedor del vómito a sus pies.
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