18/11/2011

La ventana

Acostumbraba pasar bajo su ventana entre las siete y las ocho, y era a veces a mí, a veces a algún otro transeúnte a quien la vocecita desde ahí arriba preguntaba —¿Señor, señora, me da la hora?— y una niña, de trece o catorce años, dando rápido las gracias, se metía a comenzar su día.

Justo junto a la ventana crecía un laurel de la India, y crecía más y más, al grado de que había que buscar entre las ramas la carita de la niña para contestarle, y luego se nos hizo costumbre no tratar de encontrarla, sólo decirle la hora y seguir nuestro camino, sin voltear siquiera la cabeza.

Comenzaron a construir un edificio en el baldío de al lado, y el cascajo provocó que la gente se fuera por la acera de enfrente, y alguno acaso gritaba una respuesta, pero la ciudad iba cada vez más de prisa y el laurel también.  Yo alcancé a contestarle un par de veces, antes de mudarme a otro barrio.

Han pasado los años, hoy pasé otra vez bajo aquella ventana, ya no hay laurel ni escombros, pero creí escuchar la vocecita cuando con el rabillo del ojo alcancé a distinguir un esqueleto, pero seguí  mi camino, se me hacía tarde.

11/11/2011

Otra, igual de John Donne

¡Ya te saqué de mi vida!, lo peor es que yo me salí contigo.

09/11/2011

Mirón

Desde la calle, él la observa al trasluz de la cortina, ve cómo se quita el abrigo, los zapatos y el vestido… Cuando queda desnuda por completo parece flotar entre los vapores del alumbrado público, se dirige a la ventana y se arroja desde el segundo piso. Él alcanza a recibirla pero ella termina de disolverse entre sus brazos.