18/08/2002

Gengenesgénesis XVI

Igual que siempre, puso en el cielo el Sol, la Luna y las estrellas, hizo que rebosara la tierra de plantas y animales, y que en los mares pulularan los peces y en el aire volaran las aves y los insectos con alas.
El sexto día llegaron, teletransportados, Adán y Eva. En diversas partes del planeta, mientras tanto, aterrrizaban las naves de la flota colonizadora.
Al séptimo día, pusieron a descansar a Dios, checaron cada uno de sus circuitos, le desconectaron la fuente de poder, lo aceitaron y lo empacaron con mucho cuidado.

Gn 1:14-31; 2:2-3


Los primeros días Yahvé hizo lo de siempre, puso en el cielo el Sol, la Luna y las estrellas. Pobló la tierra con plantas y animales, e hizo que en los mares pulularan los peces y en el aire volaran las aves y los insectos con alas.

El sexto día llegaron teletransportados Adán y Eva. En diversas partes del planeta, mientras tanto, aterrrizaban las naves de la flota colonizadora.

En el séptimo día, pusieron a descansar a Dios, sus circuitos habían funcionado a la perfección. Le desconectaron la fuente de poder, lo aceitaron y lo empacaron con cuidado.

13/08/2002

¿Noches árabes?

Le prometió desnudarse para bailar las más sensuales danzas y humillarse de la forma más abyecta posible, cada noche. Le concedió inimaginables perversiones, entrañarse cualquier objeto a petición, someterse a absurdos caprichos, a refinadas torturas, sólo para sus ojos. Sería su bienmandada esclava, por un año. Mas el hombre murió de un infarto, la primera noche; y ella, días después, tratando de alcanzar la llave que se fue —quién sabe cómo— por el drenaje, de terror.

11/08/2002

Longevidad y lozanía

 Salió del paupérrimo departamento por última vez. Sólo llevaba consigo una maleta y los documentos acreditándolo tanto para los procedimientos de reconstitución biónica como para la ciudadanía de élite.  Al amanecer de su cumpleaños ciento cincuenta dio inicio el proceso de sustitución prostética y al caer la tarde se llevó a cabo el delicado reformateo celular.  Estuvo toda la noche bajo estricta observación de los médicos.

Mientras entraba al flamante penthouse en un exclusivo barrio de Luxuriosa, comprendió que el mundo era otra vez mágico, todo olía a nuevo, también él.  Pasó al dormitorio, arrojó a la cama su maleta y se detuvo frente al espejó: aquel varón estaba perfectamente formado y era hermoso, se sentía lleno de una energía vital cuya existencia antes ni siquiera imaginara.  Podría vivir, tal vez, setecientos u ochocientos años con apenas unos cuantos ajustes. Dentro de su mente desfilaron las hermosas ninfas fotografiadas en la página tres de los tabloides proletarios —paseándose con la mínima ropa necesaria, de compras por las elegantes tiendas— provocándole una erección mucho más potente que cualquiera que pudiera recordar de su adolescencia.

Se contempló aún durante algunos minutos, luego se puso a hurgar en la vieja maleta.  Entre las cosas que había conservado de su pasado, encontró el revólver .44, se introdujo la punta del cañón en la boca, echó atrás el percutor y jaló del gatillo.