01/12/2002

La batalla de los magos


El gran Durnstalf caminaba con su esposa e hija. De pronto, vio venir a Smeranort el oscuro, y de inmediato se convirtió en un dragón lanzallamas, mientras que su oponente tomaba la forma de un alacrán gigante.

El mago ahora se transformó en un rinoceronte de tres cabezas y su enemigo en un kracken de aire, y así siguieron cambiando de formas, cada una más horrible que la anterior.

Todo sucedía en una vorágine de hechizos e imprecaciones. Apareció una quimera que lanzaba rayos mortales seguida de una mangosta misil que sajaba cuellos... Hubo un hipogrifo que tronaba como huracán, varias especies de dinosaurios, arañas y buitres descomunales, sierpes, meteoritos...

Cuando el crepúsculo, un musculoso hombre de Neanderthal tenía atrapada la cola de un mamut furioso. De súbito, éste logró zafarse y levantar con la trompa a su rival que sólo se había distraído un instante, para luego azotarlo contra el suelo y pisotearlo sin misericordia.

Cuando la polvareda se disipó la señora no supo si su marido era el troglodita que yacía exánime con el cráneo apachurrado o el mastodonte que se alejaba barritando entre los matorrales.

Los pedazos de la niña estaban regados por todos lados.







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