01/10/2008

Se busca


—¿La conoce señora...?, ¿la ha visto?, ¡por favor, mírela bien! —La voz, tan teñida de decrepitud y desesperanza, no deja de sorprender al visitante casual del Tianguis de San Felipe. Los asiduos incluso se alejan, quizá del olor a putrescina y orines, acaso de tanta tristeza que carga el anciano.

—¿Es su hija? —pregunta un quídam— ¿su nieta, tal vez?

—Es..., es su madre —contesta otro —lo perdió en la Cristiada, sólo le dejó el retrato...

—No, no... —interrumpe la señora del puesto de memelas —aquella foto la perdió en los sesentas, ésta la encontró después, en la basura.

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