04/05/2013

Prácticas piadosas

Hizo voto de silencio. No sólo no pronunciaría palabra, sino que durante dos años no estaría expuesto a ningún sonido. Selló su casa, la forró de materiales anecoicos y, para no oír ni sus propios ruidos, un cirujano le colocó unos tapones en los oídos. Se abasteció de lo que pudiera necesitar e hizo un contrato con una empresa de seguridad para que la ciudad nunca volviera a perturbarlo.

No oye nada, su mundo es silente, no oye ni el latido de su corazón.

Hoy se ha despertado sobresaltado y con una angustia terrible en el pecho: ha comenzado a escuchar voces.

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