13/08/2013

Tardes de niñez

Era el último de la colección, y el más realista. Cuando se lo compraron arrumbó todos los demas: el de Mitos Griegos, el Náhuatl, El Anillo de los Nibelungos...

Pero el gusto le duró bien poco, seis días para ser exactos. Al séptimo, no encontraba por ningún lado los muñequitos, los ángeles se habían ido volando, y una serpiente diminuta lo mordió cuando estaba acomodando el manzano.

Escuchó que su mamá le llamaba a merendar: —¡Yahvé!, Yahvecito!, ¡apúrate que se te enfría! —Y con un último berrinche le dio una patada al juguete, que terminó con sus piezas desperdigadas por todo el patio.

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