29/08/2003

Bengalas

La chiquilla resistió hasta el último momento, mas tiritaba de frío y quería seguir viendo a la Virgen de Guadalupe. Puso fuego a la única lucecita que quedaba y se cerraron sus ojos: la explosión nuclear destruyó la Ciudad, calcinando a millones de habitantes.

Ambas, muy juntas, se alejaron caminando entre las ruinas, inmunes a la radioactividad.

—Me las hubieran comprado todas, ¿verdad madrecita? —aseveró la inocente vendedora.

—Claro que sí, mi'jita, pero ya me los chingué —contestó María, apretando con fuerza la mano de la niña.


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