15/09/2003

Inmigrantes


El museo siempre se abarrota en días festivos, sus tres dimensiones son recorridas por la alharaca de los niños, la culta circunspección de los adultos y la nostalgia de los relatos de los muy ancianos, quienes aún conservan algún huesecillo vestigial.

En la sala dedicada a las extremidades inferiores, las urnas, presurizadas y transparentes, exhiben toda clase de zapatos de tacón —calzado de dama bajo, alto y altísimo—, botas de minero y de alpinista, lujosas zapatillas, mocasines, borceguíes, zuecos, bostonianos, plataformas, de distintas épocas y de todos los pueblos antiguos. La muestra se ambienta con extraños tabaleos, de diferentes tonos e intensidades, acústica reminiscente de tiempos idos.

Niñas y mujeres sienten un ligero escozor en su aleta caudal cuando los guías explican el uso y significado de estas prendas, tan obsoletas en el mundo acuático.

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