18/11/2010

Otra de Walt Whitman

Eran dos pieles que se arropaban una con la otra, un cuerpo que traspasaba a otro que se dejaba traspasar gemido a gemido. Eran una sola sangre, un sólo corazón..., una sola mente con cuatro hemisferios cerebrales. Eran el mismo anhelo, el mismo sueño..., eran el amor.

Un día se casaron y nunca más fueron nada.

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