05/01/2004

Cinegética

Es una selva umbría, o no lo es. Se parece más a la floresta aquella de los cuentos infantiles —tal vez de otros cuentos—, un sotobosque exhuberante y árboles frondosos de sol.

Suena un tiro, o no suena. Dicho suceso asemeja más la intención de un tiro, una prefiguración atávica en dirección opuesta a la flecha del tiempo. Es el vuelo sutil del dardo de una ballesta.

La liebre cae herida, o al menos eso cree la bestia cuando es tocada por el proyectil. Y lo sigue creyendo hasta que llega la rauda jauría que no encuentra sino el rastro de una presa que logró escapar, dejando atrás un cazador fortuito que a cincuenta pasos trata de reparar el arma que, tras la triscazón, le negó el disparo.

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