06/10/2010

Un baile de máscaras

Durante horas, las maquillistas pusieron capa tras capa de arcillas a cual más de exóticas y mezcladas con polvo de oro, el sustrato perfecto para esa máscara de diez mil joyas.

Luego, colocaron una a una cada minúscula gema. Por supuesto, sólo diamantes, esmeraldas, zafiros y rubíes habían sido considerados. Es cierto, el kilataje de algunos de ellos los hacía casi insignificantes, mas los más grandes compensaban con creces los de los otros que, así incluso, destacaban por lo numerosos.

El baile había comenzado un par de horas antes y aun faltaba el vestido. De súbito, se calzó las zapatillas de cristal y se puso de pie. Ya vería si alguien reparaba en que iba desnuda.

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